Cualidades del Maestro Espiritual

Sabiduría de Sidi Abu Madyan al-Ghawth:

El maestro es el que te une por su presencia y te protege en su ausencia.


Comentario de Sidi Sheykh al-'Alawi:

Es decir que, por su simple presencia y el lazo que te une a él, te reune con Allâh. Su acción entera consiste en llevarte hacia Allâh, nada otro: este es su único objetivo. El que no te reúne con Allâh, de una unión que pruebas realmente, no es un verdadero maestro. Pero esto, a condición de que te dejes dirigir por él y que sientas verdaderamente esta necesidad: en este caso, debe reunirte con Allâh en el más breve plazo, lo cual no es difícil para él, siendo que conoce las llaves de la Presencia divina, o que es él mismo una de las puertas de acceso a esta Presencia. El que no tiene esta cualidad no puede ser considerado un verdadero guía. Es la razón por la cual el autor dice que «el maestro es el que te une por su presencia y te protege en su ausencia», es decir que te protege de la mayoría de las vicisitudes, por su energía espiritual, cuando está ausente. Anda a tu lado cuando estas en camino, hasta que llegue el momento en que te diga: «Ya estas con tu Señor!» Pero es indispensable que establezcas una relación con él, tú el aspirante, porque la simple unión no basta. El maestro no podría arrancar el aspirante a la prisión de su alma para hacerle entrar en presencia de Allâh sino con la existencia de un verdadero lazo entre ellos. Este es el caso general, sabiendo que no hay una regla única para los casos excepcionales. Las relaciones directas son la ley general instaurada por Allâh, y se dice que «el enseñamiento espiritual pasa por la relación.» Visitar al maestro es la fuente de grandes beneficios, y es así que podemos llegar a Allâh, pero solamente si se trata de un maestro tal como lo describe aquí el autor. En cuanto a los demás maestros, no hay que distinguirles de los demás creyentes al respecto; y además, la mayoría de ellos necesitarían que alguien les tome por la mano, y si fueran sinceros,  sería mejor para ellos (47, 21). Cuando uno es clarividente, el verdadero maestro se reconoce con signos evidentes.

Ibn 'Atâ' Allah dijo en sus Latâ'if al-minan:
«Tu maestro, no es el que escuchas hablar, sino el de quien adquieres realmente algo.
Tu maestro, no es el de discursos a los cuales asistes, sino el cuyas alusiones espirituales difunden en todo tu ser.
Tu maestro, no es el que te convoca a la puerta, sino el que te quita el velo que te separa de él.
Tu maestro, no es el ser de quien recibes la palabra, sino el cuyo estado espiritual te transforma.
Tu maestro es el que te extrae de la prisión de las pasiones y te hace entrar en presencia de Allâh; que no deja de pulir el espejo de tu corazón para que la luz de tu Señor pueda reflejarse en él; que te ayuda a dominarte espiritualmente para andar hacia Allâh; que camina contigo y anda constantemente a tu lado hasta llevarte a Él. Entonces, te empuja delante de Él y te tira en las luces de la presencia divina diciéndote: "Ya estas con tu Señor!"»
Tu maestro, es el que te arranca a tu alma y te hace entrar en presencia de la realidad divina, hasta el punto que, levantando la mirada, no vez sino Ella. Luego, sigue acompañándote para que tu educación sea perfecta en cuanto a la Ley: Y la buena tierra da sus frutos con permiso de su Señor (7, 58).
El maestro, es el que te tira en la extinción, hasta que te vuelvas como inexistente, luego te hace subir al punto lo más alto de la estación de la subsistencia, como si nunca hubieras dejado de ser.
El maestro, es el que se adueña de tí en la creación, y te reemplaza por la Verdad.
El maestro, no es el que se contenta de llamarte, sino que es el que te invita a reunirte con él.
El maestro es como un padre; sin embargo, un padre es padre solamente si es la causa segunda de la existencia de su hijo. Asimismo, el maestro es maestro solamente si es la causa segunda por la cual el aspirante sale de lo creado para entrar en la realidad absoluta. Así es el verdadero maestro, y si no es el caso, no tiene ningún derecho sobre el aspirante. Tu único padre es el que te engendró, y tu único maestro es el que te hace acceder al conocimiento. Cuando te habrá libertado de los lazos de la existencia para hacerte entrar en el espacio de la contemplación, seguirá educándote para hacer de ti un verdadero hombre como él, hasta el momento en que habrá alcanzado su objetivo y que puedas arreglártelas sólo: en este momento, solamente el respeto de las conveniencias te obligará hacia él, y habrás alcanzado el estado en el cual encontrarás en ti mismo tu fuente espiritual. Podrás entonces declamar estos versos: Es de mi propio recipiente que bebo, Desde que probé el placer de sacar por mí mismo. En este estado, te vuelves independiente, gracia a él, y no te hace falta sino tener un excelente comportamiento con él, conforme con lo que exige su nivel espiritual.
Ese es el verdadero maestro, y si no es así, no tiene el derecho de pretender ser tu maestro, y tú no eres obligado a miramientos con él, excepto lo que se exige de ti de manera general, en términos de nobleza de carácter.