El Fallo ( al Qada' ) Y la Predestinación ( Al Qadar )



El Fallo ( al Qada' )
Y la Predestinación ( Al Qadar )

Creer en el Fallo divino (al-qadâ') y en la Predestinación divina (al-qadar) es uno de los elementos del Dogma Musulmán, que tiene como base la fe en Allâh (‘azza wa jall), teniendo el conocimiento correcto de Su Entidad y de Sus Nombres, y afirmando Sus Atributos de perfección obligatorios.
Así, Allah (‘azza wa jall) es por esencia Omnisciente, Todo Poderoso, Su Voluntad reina en todos lugares y es siempre presente. La ejerce como quiere en toda libertad.
La fe en el Fallo y la Predestinación se basan en estos Atributos divinos, y podemos decir que este elemento del Dogma completa la fe en Allâh y Sus Atributos. Es la expresión del resplandor de la Verdad divina.
La ciencia de Allâh (‘azza wa jall) abarca toda cosa, y Allâh (‘azza wa jall) escribió los destinos según Su Ciencia.
Allâh (‘azza wa jall) dijo:
«A tu Señor no le pasa desapercibido en la tierra y en el cielo ni el peso de una partícula de polvo, ni algo aún más pequeño o mayor que eso, sin que esté en un libro claro.» 
Surah 10, «Yunus», versículo 61.
Es en las «páginas» de este Libro que nos es escondido, y cuya verdadera naturaleza es conocida por Allâh solamente, que está escrito el destino de toda cosa y su resultado, o bien en la desgracia, o bien en la felicidad.
Pero desafortunadamente, no es posible para nosotros conocer todos estos secretos. Un poeta dijo:

El mundo del desconocido es un libro
Que el Maestro de los universos puso a salvo de las miradas
La gente no ve de él sino la página del presente
Una tras otra!
 


Definición de los términos

El Fallo (al-qada') y la Predestinación (al-qadar) tienen un sentido distinto el uno del otro.
·   Sentido del Fallo (al-qadâ')
Es la Ciencia de Allâh (‘azza wa jall) en cuanto a lo que pasará con las criaturas en el futuro. Pues, este elemento es relacionado con el Atributo: La “Ciencia”.
·   Sentido de la Predestinación (al-qadar)
Es la realización de cosas por Allâh, conforme con Su Ciencia y Su Voluntad.
Algunos sabios dieron la misma definición para estos dos términos, considerándoles sinónimos.
Lo que nos importa, es que deducimos que el Fallo y la Predestinación son relacionados con los Atributos divinos: la Ciencia (al ‘ilm), la Voluntad (al-irâda) y la Potencia (al-qudra).
·   ¿En qué ámbitos está restringido el hombre?
Hay cosas que ocurren según la Voluntad de Allâh (‘azza wa jall) y según Su Potencia. Se imponen a la gente, quiera o no, conscientemente o inconscientemente.
Es así que la razón y su grado de inteligencia o de idiotez; el carácter tranquilo o violente, los cuerpos grandes o pequeños, bellos o feos, la personalidad del individuo extravertida o cerrada, la época del nacimiento de una persona, el lugar en donde vive, el ámbito en el cual crece, la identidad de sus dos genitores, la duración de su vida y su agonía, su riqueza y su pobreza, todo esto y lo que se asemeja, se le escapa al hombre. Es la Predestinación que da existencia a todo esto, porque lo que Allâh (‘azza wa jall) quiere, acontece conforme con Su Voluntad por Su Poder Absoluto. Nadie es responsable al respecto, ni nadie tiene que ser vituperado por eso.
Todos estos aspectos están más allá de nuestras fuerzas y no podemos alcanzarlos.
Es en este contexto que Allâh (‘azza wa jall) dijo:
«Tu Señor crea lo que quiere y elige (a quien quiere) mientras que ellos no tienen elección.
¡Gloria a Allah y ensalzado sea por encima de lo que Le asocian!  

Surah 28, «El Relato», versículo 68
Los Textos de la Ley revelada y sus indicaciones (ad-dalâla), así como las pruebas racionales, están de acuerdo en cuanto al estatuto obligatorio de creer en este tipo de Predestinación.
En esta categoría de Predestinación son incluidos las desgracias que afectan a la persona misma, sus bienes o sus hijos, como las enfermedades y las calamidades. A partir del momento en que el individuo hizo todo lo posible para prevenirse contra ellas y tomo todas las precauciones necesarias conforme con las directivas de Allâh (‘azza wa jall), si una desgracia le afecta, que sepa que lo que le afectó proviene de una Predestinación y de un Decreto contra los cuales no puede nada, y que no puede huir. Debe aceptarlos con sumisión y remitirse totalmente a la Sabiduría de Allâh (‘azza wa jall). Debe saber que lo que le afectó no podía evitarle, y que lo que le evitó no podía afectarle.
El Profeta de Allâh (sallaLlahu ‘aleyhi wa sallam) dijo lo que significa:
«Sabe que si toda la nación se unía para hacerte un bien, no podría hacerte sino el bien que Allâh ya escribió para ti; y si se unía para hacerte un mal, no podría hacerte sino el mal que Allâh ya escribió contra ti!»
(Relatado por at-Tirmidhî y considerado auténtico).
Allâh (‘azza wa jall) dijo:
«Si Allah te toca con un mal, nadie excepto Él, podrá apartarlo.
Y si Allah te toca con un bien...
Él tiene poder sobre todas las cosas.» 
Surah 6, «Los Rebaños», versículo 17
Es adoptando la doctrina justa de nos piadosos predecesores (as-salaf as-sâlih) que nacen las calidades laudables que convienen al creyente tales como: el coraje, la generosidad, la confianza total en Allâh, el rechazo de la tiranía y la resistencia con fuerza contra todas las vejaciones humillantes.
Es a partir de esta creencia que nacen los sentimientos de confianza, de quietud y de paz que llenan el corazón del creyente, cual sean los peligros que le rodean, porque vive teniendo comprendido estas Palabras de Allâh (‘azza wa jall):

«Di: No nos ocurre sino lo que Allah ha escrito para nosotros.
Él es Quien vela por nosotros y en Allah se confían los creyentes. 
»
 
Surah 9, «at-Tawba», versículo 51
  


Ámbito del libre arbitrio
 

La segunda categoría de cosas con respecto al Fallo y a la Predestinación, concierne los actos voluntariamente y conscientemente cumplidos. El hombre emprende estas acciones siendo consciente de su libertad y de su influencia sobre lo que hace. Siente la independencia de su voluntad y de su capacidad en su realización.
Este sentimiento, en sí, es una prueba suficiente de su libertad. Sin embargo, exponemos los versículos coránicos siguientes como pruebas suplementarias (Pasaje sacado del libro de M. al-Ghazâlî, La Fe del Musulmán.) :
Allah (‘azza wa jall) dijo:
«Y di: La verdad procede de mi Señor; así pues el que quiera creer, que crea; y el que quiera negarse a creer, que no crea.» 
Surah 18, «La Caverna», versículo 29
Allah (‘azza wa jall) dijo también:
«Di: ¡Hombres! Os ha llegado la verdad procedente de vuestro Señor; quien se guíe, lo hará en beneficio de sí mismo y quien se extravíe sólo se perderá a sí mismo.
Yo no soy un guardián para vosotros.» 
Surah 10, «Yunus», versículo 108
Si el hombre no fuera libre, no se le hubiera hecho asumir la elección de la buena o de la mala vía. Si no disponía de una voluntad independiente, lo que Allâh (‘azza wa jall) dijo: «Y di: La verdad procede de mi Señor; así pues el que quiera creer, que crea; y el que quiera negarse a creer, que no crea.» no sería sino futilidad, lo que evidentemente no puede ser imputado a Allâh. Pues tenemos una voluntad y no somos restringidos en absoluto.
Allâh (‘azza wa jall) hizo descender el Libro (el Corán), y ordenó a la gente que siga sus prescripciones y que evite sus prohibiciones. Para eso, asignó una justa retribución, en este mundo y en el otro, para los habrán que obedecido y para los que habrán desobedecido.
Envió Su Mensajero (sallaLlahu ‘aleyhi wa sallam) para llamar a la gente a Su Libro y a Su religión. Le ordenó, así como les ordenó a los creyentes en el Mensaje, aguantar con paciencia las exacciones de los incrédulos. Luego les ordenó combatirles por haberse rebelado contra Allâh y por los castigos que infligían a los creyentes.
Si el hombre fuera tal una pluma ondeando en el aire que el viento desplaza como quiere sin que tenga la menor voluntad, no hubiera sido necesario revelar un Libro ni enviar un Mensajero. ¡Ni la recompensa, ni la sanción tendrían sentido! Todo eso sería solamente diversión y futilidad absurda. Ahora bien, la futilidad es una cosa imposible de parte de Allâh (‘azza wa jall).
Allâh (‘azza wa jall) creó el universo y lo que contiene. Lo sometió a reglas, leyes y sistemas que lo rigen. Estableció la ley de causalidad, es decir la relación de causa a efecto. Ahora bien, el hombre hace parte de este mundo y es sometido a esta ley, tanto en lo que concierne los asuntos de este mundo como en los del otro.
Allâh (‘azza wa jall) dijo:
«Es la constante de Allah que ya sucedió otras veces, no encontrarás en la práctica de Allah ninguna alteración.» 
Surah 48, «La Conquista», versículo 23
Así, la regla/constante/práctica de Allâh requiere que el agricultor, el industrial, el comerciante y todo trabajador en general cumplan cada uno un acto específico, que provoca obligatoriamente efectos determinados y apropiados.
Por ejemplo el agricultor ara, siembra las semillas e irriga la tierra. Si realiza estas tareas, disponiendo de una tierra fértil, de semillas de buena calidad, y si su cultura es preservada de todas las plagas, Allâh (‘azza wa jall) crea entonces, desde la semilla, todo el proceso que la lleva hasta su estado final.
Si el agricultor había juzgado que su sorteo ya había sido establecido por el Destino, que lo que había sido escrito para él tendría fatalmente que ocurrirle, si se había sentado en su casa sin realizar ninguna de estas tareas, y si el industrial, el comerciante, y los inventores habían hecho lo mismo, si las fábricas habían dejado de producir, si los negocios se habían cerrado… la ignorancia se hubiera difundido en todas partes y el ser humano hubiera dejado de ser desde hace mucho tiempo.
Y es sorprendente ver gente creer en las leyes de la Predestinación y rechazar las de la naturaleza. Aunque Allâh (‘azza wa jall) haya dijo:
«No hay nada cuyas despensas no estén junto a Nos y lo hacemos descender en una cantidad precisa. » 
Surah 15 versículo 21
Allah (‘azza wa jall) dijo también:
«Él es Quien ha hecho la tierra dócil para vosotros, caminad pues por sus confines y comed de Su provisión. A Él es el retorno. » 

Surah 67, «La Soberanía», versículo 15
Allâh hizo de la búsqueda del hombre una causa para el otorgamiento de la subsistencia. Tal es la Regla de Allâh (‘azza wa jall). Allâh también estableció una causa para el acceso al Paraíso o al Infierno: la obediencia o la desobediencia.
Todo lo que Allâh (‘azza wa jall) enunció en Su Sagrado Libro en cuanto al hecho de poner tal pueblo sobre la vía correcta y tal otro sobre la mala, es erigido sobre la basa de estas reglas y sobre la relación de causa a efecto.
Allâh (‘azza wa jall) dijo:
«Allah no se avergüenza de utilizar un ejemplo cualquiera, ya sea un mosquito o algo de más importancia.
Los que creen, reconocerán la verdad procedente de su Señor, pero los que se niegan a creer, dirán: ¿Qué pretende Allah con este ejemplo?
Extraviar con él a muchos y guiar a muchos. Pero sólo los que se apartan de la obediencia se extraviarán.
»
Surah 2, «La Vaca», versículo 26

Allâh (‘azza wa jall) dijo también:
«Y cuando se apartaron, Allah apartó sus corazones. Allah no guía a la gente descarriada.» 
Surah 61, «Las Filas», versículo 5
Allâh (‘azza wa jall) dijo:
«Di: A los que están en el extravío, el Misericordioso los dejará así»  
Surah 19, «Maryam», versículo 75
Examinando atentamente estos versículos, constatamos que Allâh (‘azza wa jall) no puso tal pueblo sobre la vía desviada sino después de su perversidad; no apartó los corazones de algunos otros sino porque habían si mismos abandonado la vía recta. No alargó la vida en el vagabundeo del tercer grupo sino porque ya había elegido la vía del desvío.
Se trata aquí solamente de la relación de causa a efecto. Es este mismo principio que rige la cuestión de seguir la vía de la derechura.
Allâh (‘azza wa jall) dijo:
«A los que luchan por Nosotros, les guiaremos a Nuestro camino, es cierto que Allah está con los que hacen el bien.» 
Surah 29, «La Araña», versículo 69
El hecho de que Allâh les indique Sus vías es la consecuencia de su combate para la causa de Su religión.
Allâh (‘azza wa jall) dijo también:
«Y a los que siguen la guía [Allâh] les aumenta en guía y les infunde Su temor. . » 
Surah 47, « Mohammad », versículo 17
Allâh (‘azza wa jall) dijo:
«Di: Es cierto que Allah extravía a quien quiere y guía hacia Él a quien a Él se vuelve.»
Surah 13, «El Trueno», versículo 27
El hombre hace el esfuerzo de volverse hacia Allâh (es un acto responsable). La consecuencia es que Allâh le guía sobre el camino recto y le consolida en este. Pues es una cuestión de causa a efecto.
Allâh (‘azza wa jall) es el Creador del universo y de sus leyes. Allâh (‘azza wa jall) es el organizador de estos. Es Él que determinó de antemano la causa y el efecto. Pues todo proviene de Él y vuelve a Él como lo afirma en el versículo siguiente:
«Di: Todo viene de Allah.» Surah 4, «Las Mujeres», versículo 78
Lo que la religión enuncia entra, de la misma manera que las reglas que rigen el universo, en este Orden divino, Que creó y determinó toda cosa de antemano.
Tal era la actitud del Mensajero de Allâh (sallaLlahu ‘aleyhi wa sallam) en su comprensión de los versículos del Sagrado Corán. Es la vía que siguieron sus Compañeros en su relación con los Textos de la Revelación: combatieron en el sendero de Allâh y actuaron en sus vidas según esta base, de tal forma que enderezaron el mundo y construyeron una civilización humana única. En su larga marcha no había lugar para el fatalismo y el destino no servía para justificar la pasividad. Nunca desatendieron su deber esperando que lleguen los fallos del destino!
 

Conclusión

A modo de conclusión, podemos decir que el Libro de Allâh (‘azza wa jall) afirma que nuestro Señor (exaltado sea) tiene la Ciencia absoluta, la Potencia y la Voluntad. No hay nada que no sea anotado en Su Saber, determinado por Su Voluntad, ejecutado y realizado por Su Poder.
Resultó también que el hombre poseía una ciencia, una voluntad y un poder. Pero es Allâh quien se le ha dotado.
La cuestión del Decreto y de la Predestinación es estrechamente relacionada con la fe en la Ciencia de Allâh, en Su Voluntad y en Su Poder.
El hombre es libre de elegir y dispone del libre arbitrio. Es responsable de sus actos. Les asume totalmente, porque son la expresión de la ciencia, de la voluntad y del poder que Allâh les otorgó y con los cuales le honró. Las obligaciones prescritas por Allâh a Sus servidores, y la retribución que asignó a sus obras son también basadas en este principio.
En cuanto a la esfera de conocimiento que escapa al hombre, y cuya no pudo descifrar el misterio hasta ahora, concierne la relación que existe entre el Saber de Allâh, Su Voluntad y Su Poder, por una parte, y entre el saber del hombre, su voluntad y su poder, por otra parte.
En realidad, la cuestión del Fallo y de la Predestinación no es la única sobre la cual el hombre se cuestiona a propósito de Allâh (‘azza wa jall). Así, los Atributos de Allâh (‘azza wa jall) y su esencia escapan a la inteligencia humana. Solamente conocemos los Nombres que derivan de algunos de sus efectos. En cuanto a su verdadera naturaleza, es imposible concebirla. Está fuera de alcance, así como lo es el Ser de Allâh (‘azza wa jall)
Desde entonces, si creemos firmemente en estas Verdades que nos llegaron de la Potencia Absoluta divina y según esta certitud, ¿por qué será que el hombre quiere vanamente sondear las profundidades de la cuestión espinosa del Fallo y de la Predestinación?
Esta cuestión no está al alcance del hombre y no hace parte de sus atribuciones. Es el asunto de Allâh (‘azza wa jall) y procede de Sus Atributos de perfección.
Allâh (‘azza wa jall) creó el hombre, le ha ordenado ejecutar Sus Órdenes y alejarse de lo que prohibió. Se dirigió hacia su razón, honró su humanidad y le trató según las capacidades de comprensión y de acción que puso en él.
Nuestra vida, en su conjunto, es basada en la relación de causa a efecto. Es una Ley divina universal que rige tanto los mundos superiores como los mundos inferiores, incluso el mundo del hombre.
Allâh (‘azza wa jall) es Conocedor de toda cosa. Es Potente, no dejo de tener el Atributo de la Voluntad absoluta. Pero, además, es Sabio, Justo y Misericordioso. Es El Perfecto por excelencia, no comete ninguna injusticia, aunque sea del peso de un átomo. No impone a nadie sino en la medida de su capacidad. No reprocha, en el libro de las obras de cada uno, los actos del que duerme, del loco, del niño, ni del que actúa bajo coacción.
Incumbe al hombre responsable hacer lo que se le pide, no actuar como un tonto y dejar de justificar sus fracasos en el nombre de la Predestinación. La Predestinación no puede ser un freno para el hombre que actúa, es todo lo contrario, debe insuflar la fuerza en él, porque el hombre actúa libremente y realmente.
¿Por qué esta cuestión del Decreto y de la Predestinación fue un asunto de preocupación mayor de la nación islámica durante su fase de debilidad, de estancación y de declino?
¿Acaso no es, en realidad, la última excusa detrás de la cual se escondían todos los que descuidaban de sus deberes, los que siempre fueron un oprobio para su comunidad, una infamia para su religión y una carga pesada para los que querían seguir el camino indicado por los predecesores, y lanzarse en el Nombre de Allâh en la reconstrucción de una civilización humana pura y creyente, conforme con el orden del Señor (‘azza wa jall)?
Allâh (‘azza wa jall) dijo:
«Di: Actuad que Allah verá vuestros actos así como Su mensajero y los creyentes. Y seréis llevados de vuelta al Conocedor del No-Visto y de lo Aparente que os dirá lo que hacíais. » 
Surah 9, «At-Tawba», versículo 105





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